Hace poco se me ocurrió preguntarle a mi compañero de pupitre si nunca se había parado a considerar algo parecido. Me miró con esa cara divertida con la que me mira la gente que piensa que estoy un poco loca y me contestó Trenzas paso a paso no, que sólo se fijaba en los cochazos que llevaban algunos...
También los propios compañeros de autobús son de lo más interesante. Con Craig Davis suelo coincidir bastante en la línea de la Universidad, y siempre va cargado con esa bolsa de deporte en la que debe guardar un muerto descuartizado, fuente los enseres de rugby ( no sé si lo comenté, pero el chaval hace rugby... lo sé, soy una cotilla, pero al hombre es para no verlo, mide dos metros) Los conductores de autobús siempre me esperan cuando me ven llegar echando los higadillos por la boca, y ya deben conocerme por ser la única usuaria que saluda al pasar la tarjetita por el aparato electrónico.
Y cuando no me ven ( eso quiero pensar yo, porque la verdad es que son todos muy majos) siempre hay algún alma caritativa que los avisa, apiandándose de los litros de sudor que voy dejando tras de mí. Esta mañana fue un hombre joven de color, y la semana pasada un señor mayor que me esperó hasta que llegué a la parada para dejarme pasar delante ( ya sé que es una costumbre anticuada, pero el hombre insistió y no era plan de tener al autobusero esperando el desenlace de nuestro debate generacional) Ese mismo día una abuelita me pididó que le ayudara a bajar el carrito de la compra, y me alegró ver que no tengo pinta de adolescente pasota y maleducada ( y digo adolescente porque lo mío con la edad tiene tela... me han llegado a echar hasta cinco años menos)
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