sábado, 18 de abril de 2015

Trenzas cosidas paso a paso

Me encantar observar a la gente desde de la altura privilegiada que me confiere el transporte público. Miro, escudriño, analizo, radiografío. Paseo la vista por encima de decenas y decenas de personas, cada una con su propia y pequeña historia, tan maravillosa como desconocida para mí. Me llaman especialmente la atención los jóvenes de mi edad, acerca de los cuales me pregunto qué querrán hacer de sus vidas, si estudiarán o trabajarán, si estarán enamorados, si creerán en lo que hacen; los cuarentones: ¿habrán sido felices?, ¿seguirán enamorados?, ¿tendrán familia?, ¿habrán aprovechado su vida?; y los extranjeros: ¿de dónde Trenzas paso a paso?,¿qué los habrá traído hasta aquí?, ¿qué pensarán de nosotros?, ¿volverán?

Hace poco se me ocurrió preguntarle a mi compañero de pupitre si nunca se había parado a considerar algo parecido. Me miró con esa cara divertida con la que me mira la gente que piensa que estoy un poco loca y me contestó Trenzas paso a paso no, que sólo se fijaba en los cochazos que llevaban algunos...


También los propios compañeros de autobús son de lo más interesante. Con Craig Davis suelo coincidir bastante en la línea de la Universidad, y siempre va cargado con esa bolsa de deporte en la que debe guardar un muerto descuartizado, fuente los enseres de rugby ( no sé si lo comenté, pero el chaval hace rugby... lo sé, soy una cotilla, pero al hombre es para no verlo, mide dos metros) Los conductores de autobús siempre me esperan cuando me ven llegar echando los higadillos por la boca, y ya deben conocerme por ser la única usuaria que saluda al pasar la tarjetita por el aparato electrónico.

Y cuando no me ven ( eso quiero pensar yo, porque la verdad es que son todos muy majos) siempre hay algún alma caritativa que los avisa, apiandándose de los litros de sudor que voy dejando tras de mí. Esta mañana fue un hombre joven de color, y la semana pasada un señor mayor que me esperó hasta que llegué a la parada para dejarme pasar delante ( ya sé que es una costumbre anticuada, pero el hombre insistió y no era plan de tener al autobusero esperando el desenlace de nuestro debate generacional) Ese mismo día una abuelita me pididó que le ayudara a bajar el carrito de la compra, y me alegró ver que no tengo pinta de adolescente pasota y maleducada ( y digo adolescente porque lo mío con la edad tiene tela... me han llegado a echar hasta cinco años menos)

jueves, 16 de abril de 2015

De todas formas

De todas formas, lo de juzgar por las pintas externas es bastante traicionero... Hoy yendo hacia clase me senté junto a una hippy total, de las de rastas, piercings por todas partes, y abalorios de colores. Ambas hemos cogido uno de esos periódicos gratuitos que regalan en el autobús, en el cual venía una noticia acerca del inminente futuro de los concursantes del programa Operación Triunfo. En mi defensa alegaré que me gusta mucho la voz de uno de ellos, Sergio ( sí, denunciadme por ello... pero creo que los angelitos tienen el mismo timbre de voz ) pero casi me da vergüenza admitirlo y más leer el articulito de marras al lado de la alternativa que tenía sentada junto a mí. El caso es que mis paranoias eran innecesarias, por que mega hippiosa se ha leído el artículo de cabo a rabo, con pies de foto incluídos... Ains, qué malo es prejuzgar

Shamandalie aparta un par de telarañas y quita un poco de polvo con un pañuelo de papel. De fonde se escuchan unos grillos y por el suelo ruedan varias de esas bolas de materia y naturaleza desconocida que siempre aparecen en los momentos álgidos de esas películas de vaqueros que detesta. Para redondear el cuadro, las pelusas que se han acumulado en el rincón más oscuro le hacen la ola.

Sé que he dejado el blog un poquito ( Shamandalie mira de reojo al mostruo peludo que asoma debajo de un mueble) abandonado durante este par de semanas. Pero no ha sido para menos. Había que decidirse entre eso y la muerte académica por coma profundo. Al blog siempre puedo barrerle las entradas, colgarle alguna que otra estrella de papel de plata para dar al ambiente un toque navideño y sobornar a mis lectores con cualquier cosa de chocolate ( o que lo parezca) Así que opté por dejar esto un tanto paradillo mientras hacía compras, trabajos y visitas de última hora, y dedicarme en los momentos libres a pasearme por las avenidas llenas de relatos festivos que ha sido la blogosfera duranto todo ese tiempo.

La última semana de clase fue una de esas semanas en las que te sientes como Garfield: odias los lunes, odias a los profesores repelentes que te confunden con un procesador de textos automático, odias el frío que te muerde las orejas por las mañanas, odias a tu padre que también te despierta por las mañanas, odias al presidente de los EEUU y odias hasta la manera que tiene de mirarte tu reflejo desde el espejo. Me pasé todo el fin de semana anterior encerrada en mi casa, o mejor dicho en la sala de estar, sentada frente al ordenador y lanzándole todas las injurias y todos los maleficios que conocía al ordenador para que creara por arte de magia el maldito informe de Ecología. 

Por supuesto, la jugada no funcionó porque ya se sabe que los aparatos humanos que funcionan con electricidad no quieren saber nada de conjuros, y menos de principiantes, y yo estuve a punto de desheredar por los siglos de los siglos a Pen-Pen ( Pen-Pen es el nombre de mi Pc, por si nunca lo había comentado) El trabajo que le entregué en mano el martes siguiente al Alemán ( salí literalmente corriendo escaleras abajo nada más hacerlo para no escuchar sus gritos de furia cuando lo hojeara) era sencillamente lamentable. Muy bonito, eso sí, con un formato muy cuidado, una gramática impecable y lleno de tablas y gráficas de colorines a las que sólo les faltaba saludar: pero los datos, lo que son los datos ( oh infames datos) no cuadraban ni con escuadra y tuve que hacer malabarismos con ellos para llegar a unas conclusiones medianamente razonables. 

O eso creo yo, claro. De los exámenes de la Escuela de Idiomas, mejor ni hablar. Se me agotó la inspiración en la manida temática de la redacción, y la gramática parecía ideada por un sádico genocida que odiara con todas sus fuerzas la Navidad; en la comprensión oral, con el vídeo acerca de barrios marginales y chavales de los suburbios a los que no les entienden ni los propios franceses, casi me echo a llorar. Viendo la cara del resto de mis compañeras, no creo que tenga demasiadas posibilidades. Pasaré por alto los otros dos trabajos y la tonelada de apuntes que me están haciendo compañía durante las vacaciones, seguro que con un poquito de imaginación cualquiera puede imaginárselo, y si no, que vayan a misa a escuchar hablar del infierno y se harán una idea bastante aproximada.